miércoles, 12 de septiembre de 2007

NI ARTE NI CULTURA!!

Vengo de familia taurina, mi adolescencia me la pase verano tras verano en encierros por el campo y por las calles, y por extensión en las corridas y capeas de casi todos lo pueblos de la provincia de guadalajara, y las barbaridades que he visto cometer con los animales no son ni una cosa puntual, ni mucho peor una cuestión que genere alarma o escándalo ninguno entre los espectadores.

El problema es que las personas nos acostumbramos con demasiada frecuencia y facilidad a tomar como cotidiano y natural, hechos que son intolerables e indignos tanto para los animales como para las propia conciencia de los que las contemplan.

Yo no creo tanto que el sentimiento que genere en las personas que les gustan los toros sea el del sadismo (en algunas sí, cuidado!), pero lo que no deja lugar a dudas, por lo menos para mí, es que la tauromaquia esta llena de crueldad e indignidad hacia un animal, que bravo o no, esta sometido a un dolor físico y un estrés emocional (no creo que nadie lo pueda negar) totalmente innecesario y repudiable.

Si lo que se quiere es dignificar la “fiesta”, lo que habría es que suprimir estos actos, reduciendo las corridas a suerte de capote y muleta, y eliminando la suerte de baras, de banderillas y de entrar a matar. Y una vez realizada la faena retirar los toros a los chiqueros y darle, o no, una muerte digna. Y los encierros a la suelta libre por el campo, sin motos, coches o tractores, solo caballos y personas a pie.

Los argumentos que se dan para justificar la turomáquia me parecen muy cogidos por los pelos, y unos topicazos del carajo, faltos de contenido real. Así, el hecho justificar el sufrimiento del animal en la corrida por los años de bien vivir que ha disfrutado, me parece tan ridículo como justificar la pena de muerte por la última cena (y entiéndaseme, pretende ser igual de estrambótico). El cuidar a un animal durante un determinado tiempo, nunca puede ser justificativo de un trato denigrante y cruel en sus últimas horas, puesto que si esto fuera así, podríamos justificar las peleas de perros, de gallos e incluso las peleas a muerte entre personas; total han vivido como reyes hasta que llego su hora…

Otro argumento que se queda muy cojo es el de equiparar su muerte con el de los animales dedicados al consumo. Yo estoy totalmente en contra de los procedimientos utilizados en los mataderos, y me parece una cuestión muy grave tanto para la salud de los consumidores como para la propia divinidad del animal (que la tiene!!).

Y una vez ahí, argumentar que no se puede denunciar los toros sino se renuncia a la ingesta de carne… pues que quieres que te diga, yo creo que si vamos a ese extremo, la condición que tendremos los que estamos en contra del la tauromaquia será que no podremos desinfectar las casas porque las pobres cucarachas también tienen derecho, ni podremos tomar antibióticos porque las bacterias son seres vivos, etc, pero aún así, el que lo cumpla y denuncie los toros será tachado de extremista y sectario… yo denuncio la practica de alimentación de los patos para obtener más paté, y además digo que las aves que corral deben estar sueltas y ser sacrificadas sin que se les cause el más mínimo dolor o estrés… y además digo que los toros deben suprimirse.
Por otro lado, el espectro social esta dividido en tres sectores, cada vez más claramente diferenciados: los taurinos, los antitaruinos, y los indiferentes. También creo que la gran mayoría de la población es totalmente indiferente al tema, no sienten la “fiesta” como suya y no participan en igual número que antes. Lo cual no hace sino debilitar a los defensores de los toros, cuyo número no supera, ni mucho menos a los que opinamos que se debe abolir definitivamente. Lo único que hace falta es contar con políticos de izquierdas valientes, que sepan aguantar el chaparrón de los taurinos (que no suelen ser sus votantes) y lo suficiente ingeniosos como para mostrar a los indecisos que lo que no se invierte en toros se invierte en espectáculos mucho más lúdicos, divertidos y gratificantes para la población.
Espero, confío y deseo que la denominada “fiesta” taurina (para mí de fiesta no tiene nada) pase a mejor vida, y que el que quiera disfrutar de la belleza de ese animal bravo (que la tiene) acuda a las dehesas para verlos en libertad. Lo que pasa es que eso ya no sería rentable para los que se llevan la pasta en todo esto. ¿De quien sería la culpa de la posible extinción, pues? (otro de los argumentos para perpetuar esta infamia)
Fdo: Fustafio

1 comentario:

MAY dijo...

ayer ,en un pueblo que prefiero no recordar, celebraron la más cruenta de las fiestas campestres con linchamiento salvaje de un toro. los energumenos ,sádicos y asesinos volvieron a dar rienda a su poder de torturar impunemente .
la animalidad de ese hecho nos aleja de la supuesta humanidad.
todavia no somos humanos ,como dice e. carbonell