jueves, 22 de marzo de 2007

LA HAINE [El Odio]: Hasta ahora todo va bien…

artículo sacado de: http://lafiestadelfauno.blogspot.com



Lo importante aquí no es la caída, sino el aterrizaje. Algunos años antes de los disturbios incendiarios de miles de jóvenes, habitantes de los suburbios pobres de las grandes ciudades francesas, Mathieu Kassovitz [más conocido como actor, en Munich hizo del juguetero hacedor de bombas] ya había reflejado la realidad de discriminación y violencia presente en una sociedad civilizada con La Haine [El Odio, 1995].

La película nos traslada a los suburbios de París, para compartir un día en la vida de tres jóvenes franceses (un judío, Vinz, caracterizado por el ya conocido Vincent Cassel, un muchacho de ascendencia árabe, Said, y Hubert, de ascendencia africana). La noche anterior han ocurrido sendos disturbios y quemas de coches en el barrio y un policía perdió su arma. Abdel, amigo de los tres, ha sido torturado por la policía y se encuentra grave en el hospital. Vinz encuentra el arma. Vinz jura que si Abdel muere, le va a disparar a un policía, en venganza.

Es un día como muchos en el barrio, los muchachos no tienen nada que hacer y se dedican a quemar tiempo. Desde el inicio hay un signo que va a acompañar a los jóvenes, se trata del reloj que va marcando las horas del día, el reloj, señal del tedio, no hay futuro para ellos, el reloj también es una bomba de tiempo, los muchachos están en plena caída, algo va a explotar. Se dice que el problema de esta población de los suburbios es que no se quieren integrar a la civilización francesa, en realidad, estos jóvenes son totalmente franceses, el problema aquí no es la integración. En este sentido, Alain Badiou (gracias a Žižek, es más conocido ahora), con sus postulados contra la idea del otro, las políticas y los estudios sobre minorías, se vuelve más que provocativo, respetamos al otro en tanto el otro deja de ser un otro y pasa a ser una version de mí mismo.

El hombre occidental es el que define qué son los derechos humanos, qué es democracia [un valor absoluto, pero cuando gana Hamas deja de serlo, por ejemplo], quién es el subalterno. Aplicamos nuestros estándares de calidad para asimilarte. El gesto liberador deviene en mecanismo colonizador. yo hablo por ti, yo defiendo tus derechos [en Estados Unidos ya no existe diferencia ideológica entre un político liberal o conservador, ya que este último se ha convertido en defensor de todas las minorías, le ha robado el discurso al liberal, entonces algo se está pudriendo en Dinamarca]. Finalmente el subalterno no puede hablar. Así hay que diferenciar dos tipos de comportamiento frente a las diferencias, por un lado en USA, te respeto, me gustan los musulmanes, los latinos, pero cada uno viviendo en su ghetto, por otro lado, en Europa, tienes que perder tu diferencia y aceptar el laicismo para ser visto como europeo, es decir, ser como ellos. ¿Qué propone Badiou, entonces? Más o menos, la misma idea de Foucault, Contaminarme del otro y que el otro se contamine de mí, sólo la desaparición de la identidad [occidental, en este caso] y de las barreras que la misma crea, es que la idea del otro desaparecerá. No más diferencias. No más fronteras. No más jerarquías. No más la idea de inmigración. La ciudad y el mundo como un rizoma, es decir, una red infinita y horizontal, descentrada, no excluyente, porque ya nadie está afuera ni adentro.


Viajando por la Ciudad Luz, el descenso a los infiernos de los muchachos, curioso, ¿no?, la ciudad amurallada, la isla, se encuentran con una publicidad que dice “El mundo es tuyo” [una parodia también de Scarface, ¿recuerdan la frase flotando en el dirigible de Goodyear?]. Said trasgrede el anuncio, lo hace suyo y escribe a manera de graffiti, “el mundo es nuestro.” En la ciudad, a la que no tienen derecho a pertenecer, Said y Hubert son torturados por la policía, Vinz salva el pellejo, luego pierden el ultimo tren de vuelta a casa, tratan de robar un carro sin éxito, acuden a una exposición de arte moderno, queman tiempo en el Mall donde se enteran a través de la pantalla gigante de un televisor que Abdel acaba de morir.

Ahora las condiciones están dadas, Said y Hubert temen que Vinz cumpla su promesa. Deciden dejarlo por su cuenta. Es en estas circunstancias que Said y Hubert son asaltados por unos neonazis. De repente Vinz los ahuyenta con su arma y toman a uno como prisionero. Es allí donde Hubert, el que hasta allí era el más ecuánime de los tres, le dice a Vinz: Hay policías malos y buenos, pero el único Skinhead bueno es el muerto, mátalo. A Vinz finalmente le tiembla la mano, vomita, no puede, hay odio pero no tanto como para matar. De regreso a casa, ya es un nuevo día, Vinz le entrega la pistola a Hubert y sigue su rumbo junto a Said. Lo que pasa después, el desenlace, el aterrizaje, el reloj termina por explotar en sus cuerpos sacrificados.

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