jueves, 29 de marzo de 2007
LA INMORTAL
martes, 27 de marzo de 2007
Malos de película
La primera particularidad que presentan ambas es que en ellas los nazis hablan en alemán. Ya me había acostumbrado a que en el cine los servidores del III Reich hablaran en inglés o, alternativamente, en castellano, salvo algunas expresiones sueltas, como «Heil Hitler», «Mein Fhürer» o «Sagen sie ja!» («¡Diga sí!»), arrastrando mucho las erres, eso sí.
La segunda rareza que comparten es que en ellas aparecen servidores del imperio alemán que tienen aspecto bastante normal. En El hundimiento, no sólo tiene aspecto normal la gente normal, sino que incluso los más altos dirigentes nazis, incluyendo el propio Adolf Hitler, parecen de carne y hueso.
Lo peor y más perverso que ha tenido toda la filmografía estadounidense sobre la II Guerra Mundial (que viene a acaparar el 95% de la filmografía planetaria sobre el acontecimiento) es que nos presenta a unos nazis no sólo malos-malísimos, sino también locos de atar. Si los nazis hubieran sido así, si se hubieran pasado la vida dando gritos, poniendo cara de sádicos perdidos y maltratando a las mujeres y los niños en público, hasta el más tonto del pueblo más insulso del planeta se habría dado cuenta de que con ellos no había nada que hacer. Huelga decir que en realidad no eran así. Los había que presentaban un aspecto interesante, simpático y atractivo, que eran cultos, que parecían estar animados por ideales no necesariamente perversos y que, en suma, no tenían peor aspecto que sus homólogos británicos, norteamericanos o rusos. Que eran muy de derechas no cabía ninguna duda, pero tampoco parecían ser muy de izquierdas, precisamente, los Churchill, Chamberlain y Truman del momento. Tanta era su similitud ideológica de fondo que, aunque ahora pretenda ocultarse, el hecho histórico es que muchos de ellos y bastantes de sus compatriotas simpatizaron visiblemente con la causa nazi, antes de que el choque entre sus respectivas ambiciones los abocara a la guerra. Es sabido que el abuelo de George W. Bush –y es sólo un ejemplo de los muchos que podrían ponerse– llegó a aportar fondos para el sostenimiento del nacional-socialismo en sus años emergentes, cuando todos los anticomunistas del mundo lo veían como un valladar frente al avance de la URSS y la III Internacional. Las compañías petroleras de Texas –es otro ejemplo, o quizá el mismo– facilitaron a la aviación franquista, y a precio de amigo, todo el combustible que necesitó para el funcionamiento de sus cazas y sus bombarderos.
Una de las razones que explican que buena parte de la opinión pública occidental sea incapaz de poner en el mismo plano el comportamiento de algunos ejércitos invasores actuales con el que tuvieron las tropas del III Reich es que los soldados de la U.S. Army o del Tzaal tienen aspecto más o menos humano, en tanto los de la Wehrmacht presentaban un aire inconfundible de malas bestias (o, alternativamente, de marionetas que se hacían matar por centenares sin siquiera enterarse de su papel de carne de cañón).
Los «malos de película» no existen, salvo como especímenes aislados. Esperar a que los malos realmente existentes tengan aspecto de malos de película ayuda a no identificarlos. Que es lo que le pasó a buena parte del pueblo alemán con sus gobernantes nazis.
jueves, 22 de marzo de 2007
LA HAINE [El Odio]: Hasta ahora todo va bien…
Lo importante aquí no es la caída, sino el aterrizaje. Algunos años antes de los disturbios incendiarios de miles de jóvenes, habitantes de los suburbios pobres de las grandes ciudades francesas, Mathieu Kassovitz [más conocido como actor, en Munich hizo del juguetero hacedor de bombas] ya había reflejado la realidad de discriminación y violencia presente en una sociedad civilizada con La Haine [El Odio, 1995].
La película nos traslada a los suburbios de París, para compartir un día en la vida de tres jóvenes franceses (un judío, Vinz, caracterizado por el ya conocido Vincent Cassel, un muchacho de ascendencia árabe, Said, y Hubert, de ascendencia africana). La noche anterior han ocurrido sendos disturbios y quemas de coches en el barrio y un policía perdió su arma. Abdel, amigo de los tres, ha sido torturado por la policía y se encuentra grave en el hospital. Vinz encuentra el arma. Vinz jura que si Abdel muere, le va a disparar a un policía, en venganza.
Es un día como muchos en el barrio, los muchachos no tienen nada que hacer y se dedican a quemar tiempo. Desde el inicio hay un signo que va a acompañar a los jóvenes, se trata del reloj que va marcando las horas del día, el reloj, señal del tedio, no hay futuro para ellos, el reloj también es una bomba de tiempo, los muchachos están en plena caída, algo va a explotar. Se dice que el problema de esta población de los suburbios es que no se quieren integrar a la civilización francesa, en realidad, estos jóvenes son totalmente franceses, el problema aquí no es la integración. En este sentido, Alain Badiou (gracias a Žižek, es más conocido ahora), con sus postulados contra la idea del otro, las políticas y los estudios sobre minorías, se vuelve más que provocativo, respetamos al otro en tanto el otro deja de ser un otro y pasa a ser una version de mí mismo.
El hombre occidental es el que define qué son los derechos humanos, qué es democracia [un valor absoluto, pero cuando gana Hamas deja de serlo, por ejemplo], quién es el subalterno. Aplicamos nuestros estándares de calidad para asimilarte. El gesto liberador deviene en mecanismo colonizador. yo hablo por ti, yo defiendo tus derechos [en Estados Unidos ya no existe diferencia ideológica entre un político liberal o conservador, ya que este último se ha convertido en defensor de todas las minorías, le ha robado el discurso al liberal, entonces algo se está pudriendo en Dinamarca]. Finalmente el subalterno no puede hablar. Así hay que diferenciar dos tipos de comportamiento frente a las diferencias, por un lado en USA, te respeto, me gustan los musulmanes, los latinos, pero cada uno viviendo en su ghetto, por otro lado, en Europa, tienes que perder tu diferencia y aceptar el laicismo para ser visto como europeo, es decir, ser como ellos. ¿Qué propone Badiou, entonces? Más o menos, la misma idea de Foucault, Contaminarme del otro y que el otro se contamine de mí, sólo la desaparición de la identidad [occidental, en este caso] y de las barreras que la misma crea, es que la idea del otro desaparecerá. No más diferencias. No más fronteras. No más jerarquías. No más la idea de inmigración. La ciudad y el mundo como un rizoma, es decir, una red infinita y horizontal, descentrada, no excluyente, porque ya nadie está afuera ni adentro.
Viajando por la Ciudad Luz, el descenso a los infiernos de los muchachos, curioso, ¿no?, la ciudad amurallada, la isla, se encuentran con una publicidad que dice “El mundo es tuyo” [una parodia también de Scarface, ¿recuerdan la frase flotando en el dirigible de Goodyear?]. Said trasgrede el anuncio, lo hace suyo y escribe a manera de graffiti, “el mundo es nuestro.” En la ciudad, a la que no tienen derecho a pertenecer, Said y Hubert son torturados por la policía, Vinz salva el pellejo, luego pierden el ultimo tren de vuelta a casa, tratan de robar un carro sin éxito, acuden a una exposición de arte moderno, queman tiempo en el Mall donde se enteran a través de la pantalla gigante de un televisor que Abdel acaba de morir.
Ahora las condiciones están dadas, Said y Hubert temen que Vinz cumpla su promesa. Deciden dejarlo por su cuenta. Es en estas circunstancias que Said y Hubert son asaltados por unos neonazis. De repente Vinz los ahuyenta con su arma y toman a uno como prisionero. Es allí donde Hubert, el que hasta allí era el más ecuánime de los tres, le dice a Vinz: Hay policías malos y buenos, pero el único Skinhead bueno es el muerto, mátalo. A Vinz finalmente le tiembla la mano, vomita, no puede, hay odio pero no tanto como para matar. De regreso a casa, ya es un nuevo día, Vinz le entrega la pistola a Hubert y sigue su rumbo junto a Said. Lo que pasa después, el desenlace, el aterrizaje, el reloj termina por explotar en sus cuerpos sacrificados.
miércoles, 21 de marzo de 2007
Ser de izquierdas significa no claudicar
JULIO ANGUITA.– Estamos instalados en la confusión. Hoy en día, los términos «izquierda» y «derecha» se utilizan para hacer políticas que, en el fondo, son iguales. Pero iré al fondo: ¿qué es ser de izquierdas? Yo me lo he planteado muchas veces. Formulo una negación y una afirmación. La negación implica no aceptar el mundo tal como está; no someterse, no claudicar. ¿Y cuál es la afirmación? Ahí podría hablar del socialismo, del comunismo... Pero mi planteamiento es más básico: se trata de luchar por una sociedad en la que se respeten todos los derechos humanos. Hablo de los derechos establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos, imposibles de alcanzar, en mi criterio, dentro del sistema capitalista.
Esa lucha puede tener muchas vertientes. La política es una de ellas. Pero a condición de que la política sea un instrumento para cambiar las cosas. Participar en la política institucional presenta el peligro de que las instituciones te dominen. Por eso es imprescindible defender tus valores en la práctica cotidiana, día a día y en cada asunto, articulándolos en un programa, no bajando la guardia ideológica y organizándote con otros para marchar en la dirección indicada, pero escapando de la tendencia que tiene toda organización a convertirse en iglesia.
Hablas de los derechos humanos y todo el mundo te responde: «¡Por supuesto! ¡Estamos de acuerdo!». Pero entonces señalas lo que eso implica: tomar partido frente a la política económica existente, oponerse a la alienación cultural, declarar la guerra a la guerra... Y entonces son muchos los que ya no están tan de acuerdo.
Lo cual no tiene por qué conllevar ningún tipo de fanatismo. Mi experiencia me indica que los militantes de apariencia más dura e intransigente han sido también con frecuencia los más quebradizos. En mi militancia ha habido un punto permanente de escepticismo. Hay que alimentar siempre una cierta duda. El debate que estamos promoviendo ahora mismo en el PCE pretende en buena medida eso: sembrar la duda. No sobre nuestra decisión de seguir en la lucha. ¡Ahí desde luego que no vamos a cambiar! Pero sí sobre algunas ideas que a veces damos por buenas sin haberlas examinado a fondo.
JULIO ANGUITA.– De los más diversos campos: desde el consumo a la enseñanza, desde el comercio justo hasta el movimiento cooperativo, desde la defensa del medio ambiente a la movilización de los excluidos del sistema... de todos los muchos focos de profunda insatisfacción que provoca el actual orden mundial. Lo que se impone, en todo caso, es afrontar esa tarea con perspectiva internacional, porque también el campo de batalla se ha globalizado.
Más voces contra las Privatizaciones
Los campeones del llamado neoliberalismo presentan como una verdad evidente por sí misma –que no requiere demostración, por lo tanto– el dogma según el cual la puesta de las empresas públicas en manos privadas contribuye al incremento de la competencia y, en consecuencia, al abaratamiento de los precios.
Entiendo bien que huyan de aportar pruebas de que las cosas son así, porque lo tendrían crudo.
Hay dos sectores clave de la economía española –no sólo española, ni mucho menos, pero me centro en la que nos toca sufrir de modo más directo– que han sido sometidos en los últimos años al tratamiento de choque de la privatización sin que esa transformación haya redundado ni poco ni mucho en beneficio de los usuarios.
Estoy aludiendo, por supuesto, a los mercados de la telefonía y los carburantes.
Es falso que se hayan liberalizado. Lo que han hecho es reemplazar los anteriores monopolios estatales por oligopolios de oferta privada.
El caso más obvio se nos viene encima el 1 del próximo mes: todas las empresas de telefonía móvil (todas menos una recién llegada, que está dispuesta a limitar sus beneficios de manera temporal para hacerse un hueco) han decidido subir los precios para neutralizar la rebaja de beneficios que les acarrearía la nueva legislación contra el redondeo de tarifas.
¿En qué ha salido ganando el pueblo llano con las privatizaciones? En nada que pueda constatarse con un mínimo de claridad. A cambio, sí está claro en qué ha perdido. Antes, al menos, las empresas que obtenían grandes beneficios en ese par de sectores eran estatales, de modo que sus ganancias iban a engrosar el erario. Otra cosa es que luego el Estado se las ingeniera para gastar con más o menos provecho general lo que ganaba con ellas.
Pero podía hacerlo. Ahora las ganancias van directamente a bolsillos particulares.
Si eso es progreso, que venga Adam Smith y lo vea.
Una pequeña primicia: CC.OO le planta CARA a la Junta
LA JUNTA DE COMUNIDADES DE CASTILLA-LA MANCHA,
LAS PRIVATIZACIONES Y LA POLÍTICA LIBERAL
La receta infalible para permanecer en el poder, es conseguir instalar en la sociedad una sensación de bienestar y prosperidad. Que se base en realidades o en espejismos, es lo que diferencia un gobierno sólido y eficaz, de un gobierno vacío y funambulista. Saber distinguirlo, es lo que diferencia una sociedad sana y despierta, de una sociedad manipulada y adormecida.
De esta manera, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, en un encomiable esfuerzo, no escatima gastos en el labrado de su futuro. Te sienta cómodamente en su “diván última generación” y con una voz, unas veces, suave y sedosa, otras, estridente y cazallera, repite incansablemente su mensaje narcótico: “Tranquilo; todo va bien, todo va bien, todo va bien”.
Pues no tan bien, nos permitimos discrepar, y mucho menos, en lo que al ámbito de la función pública se refiere. Así, mientras las buenas palabras proclaman el paraíso terrenal para el futuro de nuestro empleo, la irrefutable realidad, nos hace pronosticar una situación mucho menos halagüeña para todos los que nos regimos por el Derecho Administrativo.
Como una lluvia fina, que no moja de repente, pero cala hasta los huesos, se viene produciendo un vertiginoso retroceso de nuestros derechos sociales, económicos y laborales. No son 4 moscosos los que están en juego, ni mucho menos, es la esencia misma el concepto en sí de las Relaciones Laborales en la Administración Pública, la que se decide de una forma sibilina pero implacable, en los despachos de esos que debieran ser los que protegen nuestro futuro.
Cuando se privatiza o se externaliza un Servicio Público, algo cada vez más habitual y cotidiano, asistimos a un grave retroceso de lo que debería ser un pilar de toda Administración; garantizar un empleo estable y de calidad para todos sus trabajadores. Al privatizar o externalizar los Servicios, no solo se reduce la oferta de empleo público (nuestro futuro y el de nuestros hijos), sino que también se disminuye la posibilidad de movilidad y promoción para los Funcionarios de Carrera.
Es curioso observar como los que apuestan por el sector privado, son esos que viven de la Administración Pública, que no son políticos, sino gestores, que no son de izquierdas, sino liberales, que no defienden los Servicios Públicos, los privatizan, que se llaman Esperanza, pero también José María. Que no te engañen, que no te duerman, que no te callen.
Muchas veces una imagen vale más que mil palabras, a nosotros nos gusta esta fotografía:
“Un hombre se tira desde el piso 50 de un rascacielos, y para tranquilizarse no para de repetirse: Hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien. Lo importante no es la caída, sino el aterrizaje” (“La Haine”, Mathieu Kassovitz, 1995).
SEGUIREMOS TRABAJANDO
lunes, 12 de marzo de 2007
Una Coplilla
érase un enano mezquino y traidor
érase un mediocre metido a candidato
érase un insecto trepador.
Anda con cuidado, no te vayan a pisar...
Artículo en preparación
Pero a petición popular estamos cocinando un articulo sobre el cine de Kusturica, la música de los Balcanes y las traiciones más viles...
vamos a ello!!
por cierto, se agradecen los comentarios, de verdad...